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Cultura de la violación

24/11/2017 | por DIANA GONZÁLEZ

Micromachismos, justicia patriarcal, cosificación de la mujer...Son términos que no paro de leer y escuchar estos días en los medios de comunicación como consecuencia del juicio que se celebra estos días en Pamplona contra "La Manada". (No podéis imaginar lo mal que me siento, el asco que siento, lo que me enfado cada vez que oigo este término para referirse a esos cinco... ¿hombres tengo que llamarles no, porque tienen edades comprendidas entre los 26 y los 29 años?).

No puedo estar más indignada, más dolida...no dejo de pensar en esa chica que con 18 años denunció esa supuesta violación en grupo. Tengo que creer en la Justicia, porque respeto la Ley, porque creo en el sistema, porque reconozco el ordenamiento jurídico, aunque tantas y tantas veces las leyes me parezcan injustas. Pero creo que hay que respetarlas. Y por tanto debería esperar. Sé que debería esperar a que haya una sentencia firme y un tribunal condene a esos cinco por lo que yo sí creo que le hicieron a esa chica.

Me he replanteado una y mil veces si escribir este post. Pero soy mujer, tengo una hija, otra en camino, una hermana, sobrinas, amigas, primas. Y no paro de pensar en esa chica madrileña de la que el mundo ya sabe más datos de los que debería.

No fui nunca a San Fermín con mis amigos de la universidad, aunque he salido de vacaciones con ellos, hemos ido a la playa, al extranjero, al descenso del Sella... Hemos bebido, lo hemos pasado bien y claro que hablamos y conocimos a chicos, auténticos desconocidos con los que charlamos, bailamos, pasamos el rato. Suerte la mía y la de mis amigas que siempre nos hemos topado con chicos normales, con personas decentes que nos trataron con respeto. Porque a nosotras también nos acompañaron solas por la calles de Madrid de madrugada, y todos habíamos tomado alguna copa, y a veces te gustaba un chico o tú le gustabas a él. Yo también conocí al padre de mis hijas, al amor de mi vida, en una discoteca, de madrugada con una copa en la mano. Yo tenía 18 años y él 22. Y hoy no puedo sacar de mi cabeza a esa chica que con 18 años y sus primeros san fermines (imagino) tuvo que volver a casa con una denuncia a cuestas, con una exploración médica y forense a sus espaldas y contarle a sus padres qué había pasado la noche del 6 de julio. No puedo imaginar cómo habrán tenido que ser estos dos años, esperando un juicio, pero no puedo ni pensar cómo habrán sido sus días y sus noches, cada vez que cerrara los ojos, como se dice que hacía en los vídeos que los lobitos de la manada (así los llamaban de pequeños) grabaron en apenas un metro y medio entre dos plantas de un portal cualquiera. Me siento tan mal leyendo lo que se publica del caso, del juicio...Han sacado de la parrilla un programa de una televisión por emitir fragmentos de los vídeos de ¨la noche de autos" mientras leían el informe pericial al respecto.

Soy periodista y aún no entiendo cómo funciona este mundo. No llego a comprender por qué publicamos tantos detalles escabrosos, por qué hurgamos en las heridas de personas a las que les han pasado cosas terribles. Porque las víctimas de tantos delitos, de tantas cosas atroces que pasan cada día, no sólo tienen que superarlo, si no también tienen que luchar con salir a la calle y revivir lo que les pasó en las caras o las preguntas indiscretas de los que les rodeamos.

Estoy indignada con los comentarios que escucho acerca de las mujeres y de las ¨niñas de ahora". Perdónenme ustedes porque generalizar siempre es injusto, pero he escuchado, por ejemplo, a muchas madres de niñOs, que "las niñAs de ahora son las peores, que son ellas las que tienen más peligro, que son unas lobas, que se los comen". Escucho a mucha gente "mayor" hablar de "cómo se visten las niñas, buscando guerra, con medio culo fuera de esos pantalones que parecen bragas, cómo se maquillan, cómo beben (como auténticos hombres). Es que ellas son las peores...Y sus padres, ¿sus padres es que no las ven salir de casa?".

Pero a la vez, toda esta semana estoy viendo fotos en los medios de comunicación de los ángeles de Victoria Secret. Y paseo por las calles y veo los escaparates de las tiendas de ropa, y veo las portadas de revistas, con mujeres esculturales, con poca ropa por regla general, y nos hacen creer que eso es lo más bonito que hay en este mundo. Eso es belleza. Eso, perdónenme ustedes, es lo que buscan imitar "las niñas de ahora".

El verano pasado, mientras escuchaba la radio de camino al trabajo escuché las cuñas de la campaña que había puesto en marcha el Instituto de la Mujer de Castilla la Mancha para prevenir la violación en cita. Sinceramente, me sentí humillada como mujer. Tuve claro que se nos decía a las chicas que teníamos que tener cuidado, guardarnos, dejar dinero para el taxi para volver a casa, vigilar nuestra bebida, porque era una responsabilidad nuestra saber cuidarnos de quien pretendía tratarnos como un objeto para satisfacer sus deseos sexuales. Me pareció que el mensaje que se mandaba a los chicos era mucho más light.

Y oigan, las relaciones sexuales son cosa de dos. Deben ser tenidos en cuenta los deseos de dos personas. Bueno, según los mensajes de Whatsapp de La Manada que el juez no ha aceptado a trámite, "prefiero follar con una gorda entre cinco que con un pivón yo solo." Perdónenme por la grosería.

Sé que mi opinión sobre el sexo no tiene por qué ser compartida con la inmensa mayoría, yo defiendo que cada persona, hombre o mujer, viva su sexualidad como considere, pero en mi interior no puedo admitir que una joven universitaria, con cierta cultura y conocimientos sobre la salud sexual, admita que cinco hombres a los que ha conocido hace 15 minutos en una calle de Pamplona en San Fermín, eyaculen en su cuerpo sin ningún tipo de protección. Tenemos que esperar a la sentencia, absolutoria o condenatoria de esos cinco hombres, para conocer muchos más datos, pero yo no entiendo, aún desconociendo tantos detalles que se nos escapan, como la chica pudo consentir tantas y tantas cosas de índole sexual, conductas de riesgo, que aceptara todo lo que ellos quisieron hacerle esperando, o no, su turno, para acabar desnuda, sola y sin móvil (uno de los procesados ha admitido que se lo robó) en el portal de una ciudad que no conocía.

Y también por los medios de comunicación he conocido lo que se supone que es una práctica habitual entre nuestros adolescentes, un juego sexual que también se trata de sexo sin protección con varios hombres y varias mujeres a la vez, creo que le llaman la ruleta.

Y estoy tan preocupada por la educación que estamos dando a nuestros jóvenes...Me da tanto miedo pensar en cómo se comportan...No puedo entender que estos de la Manada hablaran de reinoles, cloroformo, violar, usar la pipa en su grupo de Whatsapp y alguien pueda defender que son bromas de tíos, de un grupo de amigos, que desde luego no pretenden ver la luz. Las redes sociales se han hecho eco del vídeo de ese grupo en el que se ve a la que ellos llaman "la bella durmiente", una chica en un coche inconsciente, a la que besan y tocan los pechos. Hoy ese es otro hecho denunciado que se juzgará en un año en Pozoblanco, parece ser.

No puedo dejar de pensar en esa chica. Porque ahora que soy madre, entiendo que también para su familia esto tiene que ser un auténtico drama. Pero es que soy mujer, y hace no tanto tenía 18 años, y yo también salía de fiesta. Y no puedo ni imaginar cómo debió sentirse cuando se sentó en ese banco de la calle de Pamplona y una pareja decidió acercarse al ver que estaba llorando.

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