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María de Molina: tres coronas medievales, de Almudena de Arteaga

02/06/2014 | por MERCEDES REGIDOR

Almudena de Arteaga, marquesa de Cea, es licenciada en Derecho y diplomada en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria. Tras ejercer su profesión como laboralista durante unos años, publicó su primer libro en 1997, La Princesa de Éboli. Después del éxito obtenido dejó el ejercicio del Derecho para dedicarse en exclusiva a la literatura. A esta primera novela le siguieron otras muchas de distintos géneros. Ha recibido algunos premios como el Alfonso X el Sabio, con la obra de la que vamos a hablar hoy o el Azorín, ambos dedicados a la Novela Histórica. Tras la aprobación de la ley sobre la igualdad del hombre y la mujer en el orden de sucesión, Almudena, en condición de hija primogénita, se ha convertido en la principal heredera de la Casa del Infantado.

María de de Molina: tres coronas para una reina, la de Sancho IV, Fernando el Emplazado y Alfonso XI, el Justiciero. Los sucesos ocurridos a su marido, hijo y nieto hacen que caiga el peso de las coronas, temporalmente, en sus manos.

La novela da comienzo en medio de la acción y a través de los diálogos de María y su dueña nos vamos enterando del conflicto que supone el matrimonio que se celebrará esa misma mañana.

El casamiento de María de Molina y Sancho IV el Bravo de Castilla y León, según nos cuenta la autora, fue un enlace excepcional; se casaron por amor y se encontraron con muchos obstáculos en su camino: Sancho era el hijo de un primo hermano de María pues ella era hija de don Alfonso de León, hermano de Fernando III el Santo, rey de Castilla y León.

Sancho se había desposado con Guillermina de Montcada, aunque no habían consumado su matrimonio. Era frecuente que devolvieran a las princesas a la casa paterna si no estaban conformes con esa unión, sus propias hijas fueron enviadas de vuelta a su reino cuando a sus pretendientes se les cruzaron por medio nuevos intereses, siempre y cuando no se hubiese llevado a cabo el acto sexual, de lo que daba fe normalmente una comitiva de varias personas.

La propia María comenta que mientras yacía con su marido, después de la boda, voces de hombres y ladridos de perros se oían detrás de los cortinajes, hasta que una vez dada fe del acto Sancho los echó a voces todos del dormitorio. Cuando se realizaban los compromisos matrimoniales la edad de las niñas oscilaba entre los tres o cuatro años de edad y ello conllevaba la marcha de la princesa al reino de su prometido- Isabel y Juan de Bretaña-, acompañada de su ama, aunque el matrimonio no se consumara hasta los doce años. El padre de Guillermina nunca perdonará esta afrenta uniéndose en todas las contiendas a los enemigos de Sancho. También el rey acaba su relación amorosa con Alfonsa de Uceda, su barragana, con la que tenía dos hijos. Cuando éste se casa ella se retira a un convento.

La joya que lleva María el día de su matrimonio tiene dentro una reliquia, un pedazo de la gamuza sanguinolenta que un día cubrió la herida del costado de San Francisco de Asís. Ella se la cuelga del cuello como un bien muy preciado encomendándose al santo con fe ciega en los momentos más difíciles.

La felicidad de la pareja se ensombrece debido a intereses económicos y políticos de la Iglesia; no consiguieron la bula del papa para legitimar su matrimonio, además son excomulgados por el papa Martín IV. Alfonso X, padre de Sancho, lo deshereda. Al morir su hermano, Fernando de la Cerda, se proclama Sancho Rey de Castilla y León, pero su padre quiere que sea el hijo de Fernando de la Cerda, Alfonso de la Cerda el soberano.

Sus peores enemigos son el rey de Aragón, el papa, los moros benimerimes y el rey Felipe IV de Francia, el mismo que fuertemente endeudado con la orden del Temple y atemorizado por su poder- una banca sin precedentes, una increíble flota y la más extensa red de comercio- presionó al papa Clemente V para que apresara, torturara y quemara en la hoguera a sus miembros acusados de sacrilegio de la Cruz, herejía, sodomía o adoración a ídolos paganos.

La enfermedad del rey Sancho hace que muera con treinta y siete años después de conquistar Tarifa- la lealtad sin igual de Guzmán el Bueno, que cambia a su hijo esta plaza es lo que le lleva a la victoria definitiva- víctima de la tisis vocatu, los malos humores se le comen por dentro, como remedio para un moribundo los médicos le hacían aspirar mandrágora, beleño y opio en su última hora.

María enviuda a los treinta y seis años, después de haber tenido seis hijos, siendo una mujer fuerte y vigorosa para luchar y defender los derechos del heredero, Fernando, que muere joven dejando paso a su hijo Alfonso, siendo niño. María por su diplomacia fue una mujer guerrera y de Estado. Trueca a sus hijas como empresas para unir reinos, se enfrenta a los malos consejeros y se hace querer por el pueblo.

Dejamos la Edad Media atrás, para el próximo día experimentar cómo entra en nuestros poros la India de segunda mitad del siglo XX con El dios de las pequeñas cosas de Arundhati Roy.

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