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El club de lectura: A la Sombra del Granado

21/01/2014 | por MERCEDES REGIDOR

El autor de esta novela, Tariq Alí, es de origen pakistaní, un árabe laico que estudió en Oxford ciencias políticas y filosofía, trasladando a Inglaterra su espíritu revolucionario, donde participó en debates sobre la guerra de Vietnam y las políticas exteriores de EE UU e Israel con las que no estaba de acuerdo.

El escritor ha querido recordar a los lectores con esta obra los últimos atormentados días de la civilización islámica en al-Ándalus, no por razones de nostalgia sino porque piensa que los actos que se llevaron a cabo (la quema de los libros en Bib Rambla, la expulsión de los judíos, las conversiones forzosas, los autos de fe con la quema de herejes en las hogueras, la Inquisición y su policía secreta la Santa Hermandad y la expulsión final de los musulmanes españoles) marcaron la última identidad de Europa, donde una vez hubo una coexistencia de muchas culturas y tradiciones que crearon una síntesis única en filosofía y literatura.

Se desarrolla la acción de la novela en el reino de Granada en la circunscripción de Rayya con capital en Málaga. Irrumpe en las primeras páginas la figura del cardenal Cisneros con un encargo atroz a un grupo de cinco caballeros que guerrearon en la Reconquista; un gran muro de fuego con los libros escritos en árabe.

Mencionan de manera entrañable los mudéjares al arzobispo de Talavera, primer arzobispo de Granada, por su predisposición a resolver los problemas a través del diálogo. Aprendió árabe para leer sus libros, de hecho, hizo traducir la Biblia al árabe para acercarla a los musulmanes y convertirlos así al cristianismo, algunos lo hicieron. Llevó a cabo una política de conversión sin amenazas ni coerciones, pero no obtuvo el éxito deseado por la reina Isabel por lo que tomó el relevo Cisneros, el riguroso, austero y espiritual confesor y consejero de la reina. Empieza confiscando todas las obras escritas en árabe para vencer a los paganos aniquilando su cultura ya que el cardenal entiende el poder de las ideas mejor que ningún otro.

Los protagonistas de la novela son una familia de nobles terratenientes musulmanes que llegan a estas tierras el año 923, en pleno califato de Córdoba. Sus raíces en España son muy profundas, en el seno de su familia la religión es más una costumbre que una obsesión. El telón de fondo de este relato está compuesto por la llamada del almuédano a la oración, las abluciones, los baños, el olor a aceites, bálsamos, albóndigas de carne rellenas de trufa, cordero asado con cilantro y azafrán; la serenidad de Umar, el padre; el laicismo y la indiferencia hacia las prácticas religiosas de la madre, su indulgencia con las hijas, su blandura con los criados; la naturalidad y la rebeldía de Hind, la hija menor o la impetuosidad del hijo, Zuhayr, apodado el semental, su exaltación y su falta de personalidad, por lo que se deja llevar sin verdadero convencimiento de sus actos.

Se les viene el mundo encima cuando no se cumplen las capitulaciones acordadas entre la reina Isabel y Boabdil debido a la imposibilidad de preservar su estilo de vida y las tierras que les habían pertenecido durante años. Retroceden en el tiempo con el recuerdo de historias familiares truculentas donde el señor feudal ejerce su derecho de pernada, las criadas traicionan a sus señoras por amor, se llega a la locura por despecho, o se comete incesto con su correspondiente castigo divino.

Podemos encontrar en la figura de Wajid al-Zindiq, el escéptico, el alter ego del autor, un místico que vive en una cueva, retirado del mundo, al que acuden los jóvenes en busca de consejo, con ellos discute y reflexiona sobre algunos signos de la religión islámica, con los que, muchas veces, no está de acuerdo.

El olor a santidad es lo que prevalece al final de la novela, un olor que expanden los soldados que sofocan la revuelta y van a cobrar su deuda de sangre masacrando a todos los habitantes del pueblo.

Os espero el próximo día en el Japón del primer tercio del siglo XX después de haber leído Memorias de una Geisha de Arthur Golden.

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