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Terminator: Génesis

14/07/2015 | por BORJA MUREL

Lo primero que pensé cuando comenzaron a deslizarse los títulos de crédito finales de “Terminator Génesis” mientras sonaba la maravillosa partitura musical que compuso Brad Fiedel hace 21 años fue: “Ojalá hubiesen rodado esta secuela cuando yo era pequeño... habría flipado”. Si hay una palabra que define la sensación que me ha dejado “Terminator Génesis” al salir de la sala de cine, esa es: “Nostalgia”. De golpe me han vendido a la cabeza los recuerdos terroríficos y fascinantes que me invadieron con aquél primer “Terminator” y esos impensables viajes en el tiempo, para cambiar los hechos pasados, que no se habían visto nunca antes en cine (no olvidemos que “Terminator” es un año anterior a “Regreso al Futuro”).

El guión de aquella película de 1984, firmado por un casi debutante James Cameron (a la postre director de taquillazos como “Avatar” o “Titanic”), era totalmente innovador. La idea de que un personaje viajase en el tiempo para proteger a la futura madre del cabecilla de la rebelión contra las máquinas, y que finalmente fuese él mismo el responsable de engendrar a ese niño, era una auténtica locura. Si el protagonista no hubiese viajado al pasado acostándose con la persona que debía defender, no nacería el niño que salvaría a la humanidad en el futuro. Un bucle increíble que dejó a todo el mundo pensativo en su época. Como digo, en el cine nunca se había visto nada igual; y aunque hoy en día estamos cansados de películas de viajes en el tiempo, líneas temporales paralelas y robots que se revelan contra los hombres... “Terminator” en su día rompió todos los moldes, y su secuela cinco años después - con un tono algo más desenfadado - la superó.

Una vez puestos en antecedentes, hay que decir que para disfrutar cien por cien de “Terminator Génesis” es totalmente imprescindible revisar la primera y segunda entrega de la saga, ya que este nuevo capítulo está plagado de guiños y referencias que serán imposibles de entender si no se tiene el argumento fresco de la historia original. Aquél que decida ir a ver “Terminator Génesis” sin revisarlas, seguramente saldrá confuso y aburrido de la sala de cine.

El guión (coescrito por Laeta Kalogridis responsable de obras tan geniales como “Shutter Island” de Scorsese) sitúa la acción en el futuro, justo en el momento en que John Connor (Jason Clarke ) y su ejercito finalmente vencen a Skynet. Pero antes de que esto suceda, Skynet envía un Terminator (Arnold Schwarzenegger) para acabar con Sarah Connor (Emilia Clarke) antes de que de a luz al cabecilla de la rebelión; por su parte John Connor enviará a Kyle Reese (Jai Courtney) a salvarla. Aunque parece un reboot del argumento original de la primera “Terminator”, no lo es; puesto que la acción se sitúa en un pasado paralelo al de la primera entrega, siendo obligatorio haber visto ésta para entender lo que aquí nos narran.

Los guionistas han decidido, con bastante acierto, obviar el argumento de las fallidas “Terminator 3” y “Terminator Salvation”, en favor de enlazar “Terminator Génesis” con la primera y segunda entrega de la saga. Alan Taylor - un director nacido de la televisión con un variado curriculum entre los que se encuentran capítulos de series como “Juego de Tronos”, “Mad Men” o “Roma” y la reciente película “Thor el mundo oscuro” - dirige con pulso y buen ritmo este nuevo episodio, que ha contado con el beneplácito de su creador original, James Cameron, pero sin llegar a las cotas de genialidad habituales del reputado director .

“Terminator Génesis” está llena de disfrutables guiños al espectador fan de la saga, con momentos maravillosos como cuando se enfrentan el Arnold Schwarzenegger de 1984 con el actual. Una secuencia realmente conseguida que hará las delicias de los seguidores. Arnold Schwarzenegger está entrañable y tiene los gags más divertidos del guión y Emilia Clarke es una Sarah Connor más que convincente e incluso con cierto parecido físico a su predecesora en el rol, Linda Hamilton.

El que no acaba de convencerme es Jai Courtney en el papel de Kyle Reese, siempre fui un gran fan de las rarezas del actor Michael Biehn; y el personaje musculado de Clarke me recuerda más a Antonio David Flores (Dios mío qué horror) que a un guerrero sofisticado y sombrío.

La película tiene giros argumentales muy sorprendentes y algunos casi imposibles, riza el rizo de lo que podíamos esperar... y por momentos resulta difícil de seguir si no se está familiarizado con el universo “Terminator”; pero a su favor hay que decir que ésta es una de las mejores secuelas que se han rodado en los últimos años de un producto de los ochenta; con una altísima calidad y sin traicionar un ápice el concepto inicial, sino ampliándolo más de lo que podíamos imaginar.

Y un consejo final, que nadie se levante de las butacas hasta que vean los créditos terminar... Sayonara baby...


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