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Magia a la luz de la luna

10/12/2014 | por BORJA MUREL

Tras una semana de hiperactividad extrema, encontrarte con una película tan deliciosa como «Magia a la luz de la luna», resulta sumamente placentero. El último trabajo de Allen, sin hallarse entre sus mejores obras, tiene todos los ingredientes para hacerte disfrutar, durante algo más de hora y media, de una comedia romántica al más puro estilo hollywoodiense de los años 40 y 50. No en vano la película desarrolla su argumento en pleno ambiente aristocrático de los años 20, con un estilismo y una producción cuidados al detalle.

Allen siempre tiene idas y venidas en su filmografía, pero es justo decir que su calidad nunca decae en exceso, ni siquiera en sus obras menores. «Magia a la luz de la luna» no se encuentra entre sus mejores trabajos («Annie Hall», «Manhattan», «Hannah y Sus Hermanas», «Delitos y Faltas», y un largo etcétera entre las que despuntan las recientes «Match Point» y «Blue Jasmine»), pero ni mucho menos entre sus trabajos más tibios.

Se podría decir que la película se desenvuelve en el margen de su cine de corte más mágico y clásico como «La Rosa Purpura del Cairo», «La Maldición del Escorpión de Jade» o «Midnight In Paris». Películas que beben de la comedia de la época dorada de hollywood, pero con ese aire tan europeo que impregna los últimos trabajos del director.

El argumento no puede ser más Allen. En la Francia de finales de los años 20, un reputado mago tratará de desenmascarar a una medium que considera una farsante. El guión tiene tintes de «El Rostro» de Bergman, pero en un tono más desenfadado y preciosista.

Colin Firth se desenvuelve a las mil maravillas en un papel, que de haberse rodado hace años, habría realizado el propio Allen. Un perfil de los que tanto gusta el director: un mago desencantado de la vida, negativo, maniático, de pocos amigos, que consigue hacer una ironía de cada una de sus frases.

Emma Stone, la nueva chica Spiderman, es la medium en cuestión. Una joven dulce y carismática que encandilará al protagonista con una visión más luminosa de la vida.

Firth aporta su típica elegancia inglesa y su colección de caras más tibias, mientras que Emma Stone se ganará al espectador con sus dotes caricaturescos. La película está llena de guiños a trabajos anteriores del director, en algunos momentos tenía la sensación de estar revisando fragmentos de la brillante «Manhatan», pero en otros me recordaba a la comedia ligera de «Scoop», aunque, por meritos propios, muy superior ésta.

Woody Allen vuelve cada año como los Reyes Magos o Santa Claus. Y este año nos ha regalado una comedia de época, romántica e inteligente, para hacer las delicias de los seguidores del director menos exigentes.

Un dulce para el paladar, brillantemente rodado, muy por encima de la calidad media de las producciones de estas fechas. Habrá que esperar al resultado de su próxima película, en la que repite Emma Stone y se incorpora el siempre genial Joaquin Phoenix, para ver si el señor Allen consigue mantener el filón artístico y comercial de sus últimas producciones.


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