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El Resplandor

23/05/2013 | por BORJA MUREL

Decía Pedro Ruiz “Lo bueno del cine es que durante dos horas los problemas son de otros”. El cine es uno de los pocos placeres de la vida que nos desliga durante un tiempo determinado de la realidad, para zambullirnos por completo en otro universo. En sus inicios, cuando el único contacto que existía entre la gente de a pie y el resto del mundo era la prensa escrita, cuando no existía ni internet, ni la televisión, el cine era la única forma que tenía el espectador de viajar a países desconocidos, de conocer a hermosas mujeres y apuestos caballeros, de vivir grandes aventuras, de evadirse de los problemas de una vida cotidiana aburrida.

En mi caso el cine ha sido un adictivo desde mi más tierna juventud. Mi primera experiencia en una sala de cine tuvo lugar en 1981 cuando contaba con 3 años y mi madre me llevó a ver una reposición de “Sonrisas y lágrimas” (1965) de Robert Wise en Madrid. Poco después, con tan sólo 5 años, mis padres me regalaron mi primer vídeo vhs por Navidad; y a los 10 años ya contaba con una colección que superaba las mil películas. Absorbía cine a raudales y visualizaba y volvía a ver una y otra vez las películas que más me gustaban. Desde esta sección pretendo, en cada edición, ir analizando los estrenos cinematográficos actuales, a la vez que ir repasando algunas de las películas que considero imprescindibles para todo buen amante de la gran pantalla. Junto a los títulos más actuales, recomendaré los trabajos de directores por los que siento una infinita admiración, tales como Stanley Kubrick, Roman Polaski, David Lynch, Francis Ford Coppola, Nagisa O shima, entre muchos otros.

“El Resplandor” supuso un descomunal éxito de taquilla para Stanley Kubrick y para muchos críticos uno de los mejores, si no el mejor, film de terror de la historia del cine. Para el papel principal Kubrick eligió a Jack Nicholson que se encontraba en pleno auge comercial tras haber recibido el Oscar por “Alguien Voló Sobre el Nido del Cuco” (1976) de Milos Forman y el éxito de “Chinatown” (1974) de Roman Polanski. Nicholson, que en su interpretación está histriónico, dota al personaje de una profundidad psicológica poco común, no en vano el actor se encontraba en aquella época pasando por su peor momento mental, en plena separación de Angelica Houston y enganchado hasta el cuello a la cocaína.

La historia, que versa sobre la relación padre-hijo-madre y los problemas de pareja que surgen tras estar encerrados los tres en un hotel que deben cuidar durante el invierno, se complica cuando entra en juego el componente sobrenatural. El hotel cobrará vida propia y desestabilizará la ya dañada relación familiar.

Con esas premisas, Kubrick desarrolla un argumento no excesivamente fiel a la novela de Stephen King (algo que el escritor reprocharía de por vida) superando con creces al libro en que se basa. El director hace uso de todo su arte para inmiscuirnos en un universo extraño y aterrador. Con un manejo asombroso de la steady-cam nos a rrastra por los pasillos del hotel en el triciclo del niño protagonista.

El uso que hace el director de la decoración (esos rojos chirriantes) y una fotografía perfecta, sumada a una música seleccionada para la ocasión, entre la que se encuentran piezas aterradoras de autores clásicos como Béla Bartók confieren a la película una inusual grandiosidad poco común en el cine de terror hasta la fecha.

Como curiosidad comentar que existen dos versiones comerciales de la película (no confundir con el horrible remake que se hizo para televisión en 1997), la versión europea de 115 minutos y la americana de 144 minutos. Si bien la versión americana ahonda más en la relación familiar de los personajes, la versión europea resulta más directa e inquietante.

Del doblaje, tan criticado siempre, se encargó Carlos Saura con revisión del propio Kubrick, siendo lo más fiel posible a las voces originales de los actores.

Y como anécdota final comentar que Kubrick se dedicó durante todo el interminable rodaje (casi dos años) a criticar e importunar a la actriz protagonista Shelley Duvall con la idea de lograr desestabilizar a la actriz para obtener una interpretación lo más veraz posible.

Sin más, os invito a quedaros solos, apagar la luz, cerrar las persianas, apagar el móvil, encender el televisor y comenzar a visionar “El Resplandor” en el silencio más absoluto y al mayor nivel de audio posible. Yo la intenté ver con 7 años y no pude terminarla hasta los 10 porque una maldita escena en la bañera de una habitación no me permitía llegar al final.

Esto no es el cine frenético actual… esto no es efectos especiales, ni cabezas rodando, ni sustos baratos acompañados de un golpe musical… esto es terror psicológico en estado puro… Juzgad vosotros mismos.

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