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El expediente Warren

01/08/2013 | por BORJA MUREL

Desde muy pequeño he sido un verdadero fanático del cine de terror, principalmente del tema de casas encantadas y espíritus - a los 9 años ya contaba con una amplia colección de vhs exclusivos del género - y cuando vi que estrenaban “El Expediente Warren”, con unas críticas bastante aceptables, no pude evitar la tentación de ir a verla.

La verdad es que albergaba ciertas esperanzas de pasar autentico miedo, pero para mi desilusión, después de una divertida tarde de cine palomitera, me quedé con la impresión de que “El Expediente Warren” era un trabajado refrito de varios clásicos de terror, un extraño popurrí de títulos, pero bastante bien condimentado.

Aquí encontramos referencias demasiado obvias (por no decir planos literalmente copiados) de “Terror en Amityville”, “Al Final de la Escalera”, “El Resplandor”, “El Exorcista”, “Polstergeist”, “El Sexto Sentido”, “La Bruja de Blair”, o incluso “Los Pajaros” de Hitchcock. Nada, absolutamente nada, huele a nuevo. De hecho da la sensación de que han buscado los fragmentos más resultones de cada una de ellas y los han insertado a modo de collage en el guión de la película.

Si la comparamos con el 70% del cine de terror de los últimos 20 años – en lo que a casas encantadas y espíritus se refiere - , “El Expediente Warren” queda en una grata posición, muy por encima de muchos subproductos hollywoodienses. Pero si la comparamos con el 30% restante de películas de terror - en su mayoría no americanas - que han logrado innovar o mantener cierto punto sorprendente de originalidad - como puedan ser “Darkness”, “Los Otros”, “El Orfanato”, “The Ring” o “El Exorcismo de Emily Rose” – “El Expediente Warren” se queda en un simple homenaje a los clásicos y no aporta absolutamente nada nuevo.

El ritmo de la película es trepidante y muy bien dosificado, a penas decae a lo largo del metraje. El director (todo un experto del cine de gritos, autor de Saw” o “Inisidious”) mantiene un tenso pulso con el espectador, que con su cámara al hombro otorga cierta de veracidad a la historia. Las interpretaciones son simplemente correctas, nada descartable en demasía, Vera Famiga, una habitual del género, en su papel de señora Warren, es la más sobresaliente de todos; y Lili Taylor ya resulta demasiado inquietante desde el primer fotograma como para ser creíble como madre de los niños.

De la etiqueta “Basada en hechos reales” comentar que sí, que el matrimonio Warren existió, que la familia existió, que la casa encantada existió, que la familia encontraba presencias extrañas por la casa que no les dejaban dormir (les besaban en la cara por la noche, las puertas se golpeaban, había extraños olores) y que, tras acudir a los Warren para limpiar la casa de espíritus, la cosa empeoró. Pero poco más. La familia continuó viviendo en esa casa 10 años más, con lo cual o eran masoquistas o al final aprendieron a convivir de buen rollo con sus compañeros de casa.

Hay dos puntos que me han defraudado bastante: el primero es la música. La música en los clásicos de terror es un punto básico y decisivo, ¿Qué sería de “El Resplandor” sin las piezas de Bela Bartock sonando mientras Dany Lloyd recorre los pasillos con su carricoche? ¿O de “El Exorcista” sin las estridencias del “Tuburlar Bells” de Mike Oldfield? Aquí la música luce por su ausencia. Una autentica pena.

El segundo punto negativo hace referencia a la parte final (que no desvelaré aquí por respeto a los lectores) edulcorada al más puro estilo blockbuster hollywoodiense con un pequeño guiño a los minutos finales de “Al Final de la Escalera”.

A su favor diré que se agradece la ausencia de efectos especiales digitales... que hay algún momento que llega a inquietar de verdad... que la película se sigue sin aburrimiento.... Y que si se hubiesen centrado en la acojonante muñeca “Annabelle” (prima lejana de “Chucky”) estaríamos hablando de TERROR con mayusculas.


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