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La leyenda de la Corredera del Cristo

por PILAR CAMPILLEJO

Queridos amigos: hace mucho que no nos leíamos y quiero disculparme por esta larga ausencia. Este año ha sido muy agitado, algunos ya sabréis porque, pero ya estoy aquí de nuevo y espero no volver a faltar tanto.

Pero vayamos al lio. Comencemos como siempre, con una pequeña historia……

No, no, no, no….¡¡¡Oh Jehová ayúdame!!!!! Estoy paralizado en una postura ridícula mientras la sangre me gotea por el brazo. Por el rabillo del ojo veo a mi hija en el suelo. Pronto amanecerá y tengo que marcharme rápido de aquí.

La luz del amanecer comienza a iluminar los soportales de la calle. La gran torre todavía está en la penumbra y el crucifijo parece amenazante entre las sombras. La cara del Salvador se retuerce mientras la luz va creciendo.

El piar de los pájaros se rompe con el traqueteo de un carromato que llega de la puerta de cuartos. De repente, un grito inunda la calle y todo se llena de gente. La imagen es aterradora. Una muchacha yace en un charco de sangre bajo el Cristo de los mercaderes, con una figura amenazante, estática, como de piedra, con un cuchillo en la mano sobre ella. Cuando el primer cuadrillero de la santa hermandad se atreve a tocarlo, el hechizo se rompe y el judío cae al suelo. Y ahí comienza la leyenda.

La calle Corredera del Cristo es una de las más antiguas de la ciudad, con un trazado que todavía transmite su origen medieval. Era, y es a duras penas, una de las principales arterias de la ciudad. Bordeaba la muralla del primer recinto desde la Plaza del Comercio, de la Constitución, del Generalísimo, del Reloj (elegid el nombre que queráis), hasta la puerta de la Puerta de las Alcantarillas viejas o del Pópulo. En ella se encontraban importantes edificios, como la alhóndiga, el pósito, y otra pequeña puerta o postiguillo llamado de las cebollas (aproximadamente a la altura del palenque). Este nombre tiene regusto a los comercios que allí se encontraban, que iban desde las verduras y vegetales de la huerta, a carne, grano, y todo tipo de mercancías.

Como he dicho, era una zona eminentemente comercial, llena de sopórtales, similares a los que todavía se conservan en la misma calle, frente a la capilla del Cristo en la torre albarrana, Cristo que da nombre a la calle, y que complementa su nombre más común: Corredera.

¿Y cuál es la explicación a ese nombre? Puede ser que en ella se celebrasen carreras de caballos, o que también se corrieran los toros en la época de ferias, no se sabe con seguridad, pero sí que por ella procesionaba la Virgen del Prado.

En esa zona había también una zona de tiendas regentadas por la población judía, que tras la conquista cristiana sale del primer recinto para acomodarse en el segundo. La población judía debía ser considerable en Talavera y lo sabemos por los repartimientos que debían de pagar los judíos a la corona (a la que pertenecían) y que se repartía entre las distintas juderías de Castilla.

Y son ellos los protagonistas de la pequeña historia-leyenda que os he contado. En la calle Corredera se encuentra la capilla del Cristo de los Mercaderes, que en un principio sería un simple crucifijo adosado a la torre albarrana y que más tarde, en el siglo XVIII (1752) se convertirá, con el vaciado de la torre, en una capilla con retablo rococó con una tabla de un Cristo, vinculado a los mercaderes y comerciantes de la calle, que la costearon.

Bueno, pues como iba diciendo, en esta zona vivían algunos judíos. Imaginaros ser extraños en vuestra propia ciudad; estar apartados del resto, aunque hayas nacido aquí. En aquellos momentos, es cuando los judíos debían de mantenerse unidos, y vigilar que la pureza de la sangre no se perdiera. Desistir de la fe era algo imposible. ¿Sabéis que la condición de judío se trasmite por vía materna? Así, que aunque las mujeres judías, tenían más libertad que las musulmanas, había que vigilarlas de cerca.

Y ese es el origen de la leyenda del judío. Un padre celoso de la virtud de su hija, descubre por casualidad, que no es que tenga amores, si no que al pasar bajo el Cristo de la torre….se santigua. Loco de dolor allí mismo la apuñala, pero ¡oh, milagro! El Cristo le deja paralizado hasta que le detienen.

No sé si la historia es real o no. Yo siempre digo que todas las leyendas tienen una pequeña gota de verdad, que el paso de los siglos convierte en una historia ficticia.

Creo que lo voy a dejar aquí, prometiendo una segunda parte o más de este post otoñal.

Gracias por leernos. Nos vemos (palabrita del niño Jesús).

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