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La apasionante historia de El Alfar del Carmen

por PILAR CAMPILLEJO

A lo lejos se oye el ruido de la batalla. El murmullo de las oraciones llena la nave de la iglesia, reverberando en el aire, en el polvo que atraviesa el haz de luz que entra por la ventana. Las mujeres lloran calladamente y de vez en cuando miran hacia la puerta esperando que en cualquier momento, entren los gabachos a cuchillo. Un silbido como de cabrero se oye a lo lejos, y va creciendo en intensidad hasta explotar sobre sus cabezas. Todo son carreras y chillidos y las grandes puertas del templo se abren de par en par y la gente corre a esconderse en sus casas, bajo la lluvia de bolas de cañón. Ni la Virgen del Carmen puede detenerlas.

El Alfar del Carmen es ahora la Biblioteca Municipal Niveiro-El Carmen. La historia de este gran edificio, uno de los más importantes del patrimonio de talavera, es apasionante. En ella se unen religión, arte y cultura.

En 1690 vuelve a talavera un fraile carmelitadescalzo, Melchor de San Antonio, talaverano empeñado en establecer un convento de esta orden en su ciudad natal. El camino no será fácil. El resto de las órdenesreligiosas de la ciudad se muestran en contra. Ya son muchos a repartir las donaciones, limosnas y demás, e intentan que no lo consigan. Pero Melchor tiene grandes protectores, el arzobispo Portocarreño les ampara y la familia Meneses les cede unas casas en la calle Salmerón, desde donde poco a poco se irán extendiendo.

Sera en 1704, cuando comiencen las obras tras la adquisición que casas en la plaza de san Andrés, una de las parroquias más antiguas de talavera. Los vecinos están encantados, pues el edificio es magnífico, enorme, grandioso, y el tercer recinto amurallado donde se ubica, es un lugar lleno de casas bajas, humildes, y pocas construcciones relevantes.

La obra dura quince años, durante los cuales el edificio crece y crece, convirtiéndose en algo majestuoso. Los materiales se han sacado con permiso, de la arruinada muralla y de la iglesia mozárabe de San Esteban, también abandonada. De todas maneras, la piedra es escasa en el edificio, es un material caro, así que aunque se saca de la muralla, se utiliza solo en las partes nobles del edificio, sobre todo en la fachada. La mayoría se construye en ladrillo, siguiendo las trazas bien definidas y originales de Fray Lorenzo de San Nicolás, el gran maestro del Barroco en ladrillo. En talavera se pueden contemplar otros ejemplos, muy similares a este.

Se cree que el arquitecto fue Melchor de Bueras, pero solo se puede suponer, pues el libro de obras, donde se registra todo lo concerniente a la construcción, se ha perdido.

El convento es grandioso. Claustro, iglesia y patio forman un gran conjunto.

En 1711 se consagra la iglesia, pero será en junio de 1719 cuando concluyan las obras, celebrándose tres días de fiesta, algo inusual para la época. Desfiles, tedeums, bailes, toros y caballos, incluso fuegos artificiales. La celebración es fastuosa, acorde a la magnitud de la obra y del edificio.

Durante casi noventa años, la vida conventual seguirá su curso y El Carmen crecerá en posesiones, monjes y devoción. Pero en 1808, con la invasión francesa y la llegada de las tropas francesas a Talavera, y sobre todo con los bombardeos, el convento sufrirá, junto con el resto del barrio graves daños de los que no será capaz de recuperarse.

¿Cuáles serán los avatares de este edificio? ¿Qué ocurrirá con los monjes? Esa es otra parte de la gran historia de El Alfar que conoceremos en próximas entregas.

Gracias por leernos. Nos vemos.

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