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La apasionante historia de El Alfar del Carmen. Parte II.

por PILAR CAMPILLEJO

Prende la llama y ya no hay vuelta atrás. Se cierra la puerta y comienza la oración. Todos están expectantes, ansiosos. Frente al fuego los hombres sudan aunque haga fresco. Las caras llenas de hollín están pendientes de las órdenes. Como ruido de fondo se oyen las voces de las mujeres. Pronto se irán, sin esperar al final. El capataz controla el humo y da órdenes para colocar las gavillas, para que las llamas sean uniformes. El asunto es delicado y no puede haber errores. Llegado un punto se deja consumir todos los haces, sin añadir más. Ahora solo queda esperar que todo se enfríe. Las horas pasaran despacio.

Cuando se abra la puerta del horno, con otra oración, las cobijas albergaran joyas.

En la última entrega dejamos el Convento del Carmen en una situación un poco precaria. Tras la Guerra de la Independencia, los monjes volvieron otra vez a ocupar su convento, pero estaba en tan malas condiciones, que no volvió nunca a ser lo que fue.

Poco a poco, fue cayendo en la ruina, no tanto física, aunque nunca termino de recuperarse de los desastres de la guerra, y al final, no se llegó a realizar nunca la restauración total, debido a las extinciones de los monacales en los años 1821 y1835.

Poco después, en 1836 con la desamortización de Mendizábal se puso definitivamente punto final a la existencia del convento. Para la zona de la Puerta de Cuartos, desaparecía una comunidad muy importante y para Talavera significo que los carmelitas desaparecieran de la ciudad hasta más de un siglo después, en 1960, pero ese regreso será otra historia.

En 1848, ya que el conjunto del convento y su iglesia ya desacralizada, es transformado en fábrica de tinajas y sera1849 cuando seaadquirido por Juan Niveiro Paje, cuando se instale en ese gran edificio, la fábrica de cerámicas “El Carmen”, con los mayores adelantos de la época.

Sera Juan Niveiro Page el que, hasta 1881, dirige y modifica el alfar, haciendo una serie de alteraciones para su actividad como taller de cerámica. En un principio, el alfar fue totalmente autosuficiente.

El conjunto tenía una entrada por la calle Salmerón. Por ella entraban los carros de leña y la arcilla para decantar. Según se entraba o se entra, porque en la actualidad todavía existe, se encuentra un edificio que en su origen era la zona de los aperos, la leñera y el establo del convento. Cuando a familia Niverio ocupa el edificio, será allí donde se instale la leñera, la zona de engobe y la zona donde las mujeres pintaban. La separación de sexos era muy corriente en aquellos años.

A la derecha de la entrada, se encuentran las pilas de decantación. Allí la arcilla, traída de Puente del Arzobispo o de Calera y Chozas, las mejores barrancas de la zona, era decantada hasta adquirir la consistencia y pureza necesarias.

Justo al lado, se construyeron tres grandes hornos de tamaño decreciente de los cuales uno ya no existe, pues se derribó al construir el edificio contiguo. Al fondo del patio se construyó la zona de molturación de los pigmentos.

A se entraba a través de una puerta abierta en el estero de la iglesia, donde se colocaron los tornos y pintura en la nave central y en las naves laterales, con una cinta de cemento que iba desde la puerta que, atravesando la nave de la iglesia, servía para introducir con carretillas, el barro que se decantaba en el patio.

Dentro de la iglesia se abrió alguna ventana para iluminar más la zona de trabajo, Al lado del altar, se colocó una gran zona de ruedas de molino, para pisar el barro y darle la consistencia necesaria tras su paso por el pudridero.

Desde 1881 hasta 1919 Emilio Niveiro Gil de Rozas consolidara la fábrica y dará salida comercial a sus productos, entre los cuales se encontraba los famosos platos “tortilleros”, decorados con un borde azul y los que tenían una rosita en el centro, modelos que siguen todavía existiendo.

Pero lo más curioso es que Emilio Niveiro Gil de Rozas, conoció a Enrique Guijo, artista cordobés, (que asociado a Ruiz de Luna sería uno de los promotores del resurgimiento de la cerámica talaverana) que coció en sus hornos sus primeras piezas talaveranas.

Sera en 1919, con Emilio Niveiro Romo, cuando se modifique el aspecto de su fachada, colocando los azulejos que la adornan, realizados por el mismo, tal como atestiguan las iniciales E.N.R. en uno de los azulejos. En ellos coloco los retratos de Juan Niveiro Paje y de Emilio Niveiro Gil de Rozas, en homenaje a su padre y a su abuelo. Fue en estos años cuando el Alfar del Carmen fusione el estilo valenciano y el talaverano.

No será Enrique Guijo el único artista que unirá la historia del Alfar Nuestra Señora del Prado de Ruiz de Luna y el Alfar del Carmen, también tendrán en común a Francisco Arroyo, gran ceramista renovador de la cerámica talaverana, que primero fue oficial cerámico en el Alfar del Carmen, y después sustituyo a Enrique Guijo, en Nuestra Señora del Prado.

Es apasionante poder recorrer el edificio descubriendo todos los secretos que alberga. ¿Queréis conocer algunos de ellos? Preguntad a través de los comentarios o casi mejor, conozcámonos y los descubrimos en persona.

¿Qué paso para que esta gran fábrica se convirtiera en biblioteca? Esa será otra historia.

Gracias por leernos. Nos vemos.

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